Rescatar la memoria: Juárez ayer y el México de hoy (Primera parte)

Se requiere tener memoria y estudio para captar y asimilar la atmósfera de Ciudad Juárez de la década feminicida. ¿Y la comparación temeraria?

Lorenzo Pérez | INPRO

Impensable bailar un tango cuando ni siquiera se dominan las corridas. Así me cayó como una bomba el título de la entrevista que Carmen Morán Breña le hace a la antropóloga argentina, en el periódico español El País: “Rita Segato: México se ha juarizado”. Sólo a esa genial mujer se le ocurre proponer esa arriesgada comparación. Se requiere tener memoria y estudio para captar y asimilar la atmósfera de Ciudad Juárez de la década feminicida. ¿Y la comparación temeraria?

La información y los datos aturden, las manos tiemblan y las ideas se difuminan para aproximarse a la historia de las muertas de Juárez. “La antropóloga feminista afirma que las prácticas violentas sobre el cuerpo de la mujer se han extendido por todo el país como forma de conquista”.

Para los estudiosos del feminicidio, a nivel internacional, se ha impuesto como referencia obligada investigar y estudiar el asesinato de 196 mujeres en Ciudad Juárez, cuyos cuerpos fueron encontrados en el desierto, en los arenales y los baldíos de las colonias más pobres, en un periodo de 1993 a 1999, masacre que le dio la vuelta al mundo y se convirtió en centro de investigación obligada para estudiosos de diferentes disciplinas y tema de interés para artistas que han dejado constancia de las muertas de Juárez, en diferentes manifestaciones.

La pregunta obligada aflora ¿por qué las mataron y de una forma despiadada, sanguinaria y brutal? Esta década coincide con el auge de la industria maquiladora en Juárez, que venía desde los 80 “con una generación de empleo a un ritmo de 21.4 por ciento anual”. La demanda de producción atrajo mano de obra de diferentes partes del país, con más afluencia de veracruzanos. Hubo un cambio radical en la dinámica familiar de madres pobres. “Las mujeres abandonaron a sus hijos, del hogar a la línea de ensamblaje”. La maquila contrataba al margen de la ley: “Irma Angélica Rosales Lozano (obrera de maquiladora), de 13 años, procedente de Gómez Palacio, Durango, es el nombre de la joven asesinada y abandonada en lote baldío de colonia Luis Olague”.

Otro actor principal en la década de las muertas en la frontera es el Cártel de Juárez, al que le atribuyen 400 muertes hasta 1999, reconocido por la cadena de noticias NBC como “el más violento, el más astuto y el de mayor éxito”. Los dólares de los narcos permearon a todas las instituciones y autoridades de la frontera, los más susceptibles fueron los judiciales federales y estatales, policías municipales y militares. El golpe más ostensible y humillante del Cártel de Juárez asestado a los militares fue haber involucrado en el narcotráfico al general encargado del combate a las drogas: “A nivel nacional e internacional, el general Jesús Gutiérrez Rebollo, quien al frente del Instituto Nacional de Combate a las Drogas protegía al capo Amado Carrillo Fuentes, derrumbó la confianza de las Fuerzas Armadas”, señaló Luis Garfías Magaña, presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados”, el 20 de febrero de 1997.

No podía faltar una pieza estratégica del rompecabezas: el gobierno estatal. En la década de las muertas de Juárez, Chihuahua tuvo como primer gobernador panista a Francisco Barrio (1992/1998). La silla de Palacio Federal la ocupaba Ernesto Zedillo (1994/2000). Según registra la prensa, se daba un acuerdo añejo y soterrado entre los narcos y las autoridades priistas. Se cuenta que los barones de la droga le pusieron varias tentaciones a Barrio para ver si caía en (“delicias”) el desliz de los dólares, pero él, por sus principios cristianos y panistas, de inmediato pintó la raya y las rechazó. En este contexto político, los narcos, el crimen organizado y los beneficiados de los dólares bien lavados y operados, casi tenían las manos libres y le resultaba fácil actuar al margen de la ley. Francisco Barrio no apostó sus cartas de gobierno y políticas, ni metió las manos al fuego, por las muertas de Juárez.

Por supuesto que el gobierno norteamericano estaba minuciosamente al tanto de todo lo que acontecía en la ciudad fronteriza vecina, es más, tenía todos los cables del macabro desaguisado de repercusión internacional y restiró los cinchos hasta que estalló la bomba del grito y protesta solidaria de las mujeres. No se descarta que Washington usó a Juárez como laboratorio para conocer y controlar más a Juárez. ¿Cuántos agentes norteamericanos se encontraban infiltrados en la década negra de las muertas de Juárez?

Confieso que no tenía referencia de Rita Segato. De inmediato me sumergí en la información de INPRO y me aportó un tesoro de conocimiento para interpretar las causas de la brutalidad en contra de las mujeres de la frontera. “Pedagogía de la crueldad”, concepto acuñado por la antropóloga argentina para hablar de actos que habitúan a las personas a los asesinatos y a la violencia extrema derivada de la masculinidad.

Duele cuando a los machos los exhiben en público. Hablamos del pacto de masculinidad tóxica, el pacto del patriarcado. En su libro las “Estructuras elementales de la violencia”, la escritora Rita Segato elabora la explicación de la masculinidad como un mandato que exige a los hombres que pongan a prueba tres atributos principales: potencia bélica, potencia sexual y potencia económica. La antropóloga va aplicando el bisturí: “Es en el cuerpo de las mujeres y con la violencia sexual como se destruye moralmente al enemigo”. Continúa la disección: “El cuerpo de las mujeres es un territorio a colonizar y es un territorio de dominación”.

Rita Segato tiene muy ubicado el blanco de su investigación. “Existen estructuras que permiten que la violencia de género hacia las mujeres se materialice, y México se ha convertido en un ejemplo de ello, pues ser mujer representa un peligro; basta mirar las cifras que muestran esa realidad”. Y no duda en considerar el patriarcado “como un llamado a la guerra contra las mujeres. Por todo el mundo se registran altas tasas de feminicidios”.

La antropóloga estuvo en la frontera en julio de 2004. “Los crímenes de Ciudad Juárez contra las mujeres desde hace más de una década tienen como móvil reforzar el poder de las mafias y cofradías cuyos integrantes son los dueños de la ciudad y tienen un dominio paralelo al del Estado”, afirmó Rita Segato. Y añadió: “En Ciudad Juárez quienes matan a sus mujeres son los ‘dueños’ de la ciudad, quienes tienen control sobre la misma”.

La investigadora Segato se espanta de la masacre fronteriza. “Lo que sucede a las mujeres en Ciudad Juárez es alucinante, aterrorizador, amedrentador y deshumanizador”. Insistió en que “los ojos del mundo sí deben estar aquí porque existe una crisis brutal de autoridad”.

Explica la doctora argentina en Antropología: “Este tipo de crímenes parecen seriales, pero no lo son, ya que el modus operandi indica que los perpetradores son numerosos, están asociados y gozan de algún grado de protección de las fuerzas políticas, sociales, jurídicas y policiales”.

Y para despedirse de la frontera, allá por julio de 2004, apunta al corazón del cuerpo delictivo. En relación al combate a las drogas, señaló que legalizándolas se modificaría el índice de violencia.

Agresivo disparate. Focos rojos. Porque entonces matan a la gallina de los huevos de oro, negocio redituable de los narcos, de EU, de las autoridades corruptas, del boyante sistema financiero, de los empresarios lavadores y de gran parte del empleo de la frontera. Parece mentira, pero en parte, con este grito de alerta comenzó a declinar el Cártel de Juárez y se contuvo la violencia exponencial en contra de las mujeres de la frontera.

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